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Molly, historia sobre los centros de menores en Cataluña

24 May

“El hermetismo en los centros de menores es la cultura del miedo a la rectificación”

Por Felipe Villa, Barcelona.

Decir que el periodismo ha muerto es como afirmar que ya no existen las historias. Alguien necesita contarlas,  especialmente cuando hay intereses creados para que así no sea. Algo como lo que ocurrió con el caso que investigaron los periodistas Jesús Martínez Fernández y Gustavo Franco Cruz, publicado el 2010 en un apasionante relato de 250 páginas con el título de Molly, historia sobre los centros de menores en Cataluña (Ediciones Carena, 2010).

De la lectura podría interpretarse que la DGAIA, el organismo que gestiona la protección de la infancia en Cataluña, actuó mal devolviéndole la niña a la madre porque da la sensación de que la protagonista realmente la maltrató. ¿Creéis que la DGAIA se dejó presionar por los medios de comunicación, que en aquel momento la pusieron de alguna manera contra las cuerdas?

Gustavo: De ninguna manera. El caso se publicó sólo después de dictarse la sentencia en contra de la DGAIA. Por lo cual no se puede culpar de ninguna manera a los periodistas. Hubo errores en las supuestas medidas de protección que fueron evidenciados por un tribunal conformado por tres jueces en segunda instancia. Además, si hubo maltrato o no, debe verificarse mediante pruebas y hechos, y no por la sensación que deja el carácter de una persona.

¿Cuál es el problema principal en la retirada de la tutela de menores por parte de los servicios sociales?

Jesús: Por lo que hemos podido observar, constatado en numerosas charlas con profesionales, se sigue un protocolo de actuación estricto, pero que peca de administrativo. Es decir, no se tiene en cuenta el entorno, las circunstancias, el contexto, y mucho menos los sentimientos, que no caben en este proceso. El sistema está viciado, y se alimenta este remolino en el que primero se dispara y luego se pregunta. Estas prácticas son fruto de la subcontratación. La administración delega en una empresa, eso sí, se escudan en que se cumplen los requisitos, que a su vez subcontrata, que a su vez… Al final, nadie sabe exactamente quién se hacer cargo del menor, y el menor pierde al tutor referente, que le cambian cada cuatro meses como poco.

¿Por qué pensáis que la DGAIA tiene tanto interés en no dar a conocer sus instalaciones? Por lo que se dice en el libro, todo son negativas para que entren los periodistas.

Gustavo: Por un lado está la protección a la intimidad de los menores, que compartimos plenamente, porque las noticias publicadas con nombres y apellidos pueden marcar a una persona de por vida. Lo mismo ocurre en las escuelas públicas, los hospitales y todo tipo de servicios donde se desenvuelve una parte de la vida íntima de los ciudadanos. Hasta ahí, es perfectamente comprensible. Lo que es difícil de entender, es que el acceso a la información de interés público sea vetado. Es como sin un periodista no pudiera entrar a un hospital para hacer un reportaje sobre la higiene de sus instalaciones. Hay un temor en que se descubran las fisuras del sistema de protección de menores y que por su conocimiento se conviertan en grietas profundas. Hay una cultura del miedo al error, a la rectificación y al escándalo, del que también forman parte los medios.

¿Cuáles fueron los factores o presiones que les llevaron a colocar seudónimos a las fuentes de vuestro libro?

Jesús: Hasta cinco abogados y un juez de menores nos recomendaron cambiar los nombres y convertir las fuentes en personajes de ficción. Los abogados cobraron por la recomendación, todo queda dicho. “Desubicar a la protagonista, temporal y geográficamente”, acordaron todos con una misma voz. Esto lo hicimos porque realmente, cualquier persona puede salvaguardar su imagen, amparándose en el derecho al honor. Podríamos haber publicado el trabajo tal cual, sólo protegiendo a la menor, como en un principio habíamos planteado en nuestras tertulias de trabajo. Y creo que habríamos ganado un posible juicio, porque lo que hicimos fue motivados por un interés social general con el que poder evitar en un futuro la mala praxis en los servicios públicos. Lo que nos convenció de cambiar los nombres fue el hecho de no poder afrontar económicamente ni siquiera los prolegómenos de un caso abierto en los tribunales. Puesto que trabajamos sin el colchón de un gabinete de letrados, como hacen los periódicos de gran tirada, y cobramos por pieza publicada en este mercado de la prensa tan precario, habría sido nuestra ruina. Es lo que dicen los gitanos: “Tengas pleitos y los ganes”.

Sobre la obra

“Si Michael Jackson hubiera sido pobre, ¿dónde habrían ido a parar sus hijos?”, dice el prólogo de Molly. Esta obra es el resultado del seguimiento durante un año del particular caso de una mujer inmigrante, con el seudónimo del mismo título del libro, a quien los servicios sociales de la Generalitat de Catalunya retiraron la custodia de su hija cuando tenía un año de edad. La mujer recurrió y ganó en los tribunales la demanda para recuperar a la niña.

El libro cuenta el desenlace de esta historia, pero también intenta seguir la pista de los servicios sociales que deciden el destino de los menores en riesgo de exclusión social. Los periodistas se adentraron en los equipamientos destinados a su protección y en las dificultades para acceder a la información en manos de las instituciones. Según sus autores, la obra está escrita en formato de novela con las técnicas del Nuevo Periodismo.

Sobre los autores:

Jesús Martínez Fernández (Barcelona, 1975), salido de la redacción de la revista local L’Informatiu de Sants, Hostafrancs i la Bordeta, ha ganado numerosos premios de periodismo. Siempre con historias humanas de quienes nunca acaparan las portadas de los medios, de los excluidos y los marginados. Profesor de reporterismo en el posgrado Periodismo local, social  y comarcal de la Universitat Autònoma de Barcelona, trabaja como freelance en diferentes medios de comunicación.

Gustavo Franco (Cartagena de Indias, 1979) es un reportero formado en los talleres de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano de Gabriel García Márquez. Ha escrito para El País y actualmente en el diario Público, en el que colabora con asiduidad desde que apareció esta cabecera hace tres años. Ha sido uno de los primeros periodistas occidentales en dar testimonio de las fosas comunes en la región de Cachemira. Además es secretario de Medios de la Inmigración en el Sindicat de Periodistes de Catalunya.

Os dejamos aquí uno de los capítulos del libro.

Molly 1er capítulo

Podéis adquirir el libro en este enlace.

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1 comentario

Publicado por en 24/05/2012 en General

 

Etiquetas: , ,

Una respuesta a “Molly, historia sobre los centros de menores en Cataluña

  1. edusogrado

    24/05/2012 at 18:18

    Os dejamos aquí una colaboración que nos ha llegado de parte de Gustavo Franco, basado en hechos reales, para difundir la situación existente en Cataluña y en España sobre los centros de menores. Para recapacitar, debatir y reflexionar.
    http://www.gustavofrancocruz.com
    Gracias por compartirlo y difundirlo.

     

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